LA NEGLIGENCIA MÉDICA Y LA RESPONSABILIDAD PENAL

De forma generalizada se viene admitiendo que la negligencia o imprudencia médica supone la realización de una conducta (por acción u omisión) que se aparta de los deberes de cuidado del profesional sanitario que, objetivamente y en la situación concreta, era necesario observar para evitar la producción de un determinado resultado lesivo para el paciente.

 

Nuestro Código Penal recoge dos tipos de imprudencia en función de la gravedad de la infracción: la imprudencia grave y la imprudencia leve. Habla también el Código Penal de la imprudencia profesional.

 

La imprudencia del profesional sanitario consiste en la infracción de las normas de cuidado propias de su profesión que puede tener una mayor o menor gravedad. Cuando la infracción de la norma de cuidado ha significado el incumplimiento clamoroso del deber de diligencia exigido al profesional sanitario,  estamos ante una negligencia grave, tipificada como delito y  por  contra, si la infracción es leve, la jurisprudencia lo considera como falta.  

 

Los deberes de cuidado o Lex Artis Ad Hoc, se entienden como los principios de experiencia que definen cómo debe ser la actuación del médico dependiendo de la situación en que se encuentre el paciente.

 

Existe ya un cuerpo jurisprudencial vasto y pormenorizado respecto a la imprudencia médica,  que puede resumirse en lo siguiente:

a) Por regla general, el error en el diagnóstico no puede considerarse como infracción penal, salvo que por su entidad cualitativa, cuantitativa y dimensiones, constituya una equivocación inexcusable, y las consecuencias resulten de extrema gravedad para el paciente.

b) Queda también fuera del ámbito penal, por la misma razón, la falta de pericia cuando la que se exige al profesional sea de naturaleza extraordinaria o excepcional. Sí se sanciona la equivocación inexcusable o la dejadez sobresaliente.

c) La determinación de la responsabilidad médica ha de hacerse teniendo en cuenta las situaciones concretas y específicas, huyendo de generalizaciones.

En conclusión, la imprudencia profesional nace cuando el tratamiento médico o quirúrgico incide en comportamientos descuidados, de abandono y de omisión del cuidado exigible, atendidas las circunstancias del lugar, tiempo, personas, naturaleza de la lesión o enfermedad, que olvidando la Lex Artis conduzcan a resultados lesivos para el paciente.

Es indispensable, por tanto, una reflexión y análisis del presupuesto concreto de que se trate por parte de un profesional del Derecho para un enfoque ajustado de la situación.

 

 

 

 

 

 

 

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